
La inocencia de tu soledad, un veinte de Mayo, te condujo a mi. Tu cabellera tomó por asalto al aire y tu cuerpo, robando un verso al olvido, ingresó en mi habitación. Observaste un rostro que no miraba, solo sentía, y con un beso cristiano saludaste mi estupor. Pronunciaste mi nombre acariciando nuestro pasado y ya solo veía mis labios reposando en tus senos; tus uñas, carnívoras navajas, arrancando trozos de ingenuidad; tus súplicas que no buscaban socorro y tu piel llorosa rezando indignidad.
Tu regazo descansó en mi corazón descubierto. El reloj despertó el tuyo. Llegaba el amanecer. Tenías que marchar.

Ese titulo me parece conocido. Me parecio leerlo en este blog:
ResponderEliminarhttp://amaneradepostdata.blogspot.com/search/label/historias
No recorde a tiempo que ese título era conocido
ResponderEliminarBueno hombre el contenido de cada uno es totalmente distinto.Será q hay tantas putas caricias...
O tantas putas y tan pocas caricias (el juego de palabras).
ResponderEliminarSaludos.
O tantas caricias que no llegan a ser putas(que lamentable sería eso)
ResponderEliminarGracias.