viernes, noviembre 27

Café pasado

Desperté con el olor de un café expresso, creo que lo presentía. Habían transcurrido tres meses de puras sonrisas, de amaneceres ociosos y noches largas pegado a su cabellera, a su corazón, a su vientre que latía. Pero hoy no desperté a su lado, ayer mientras salíamos del bar le pregunté cuánto me amaba, ella respondió que me quería demasiado y luego sonrió. Encendí mi cigarrillo y entendí que no había marcha atrás, la cogí de la mano, corrimos hasta su habitación, la noche escapaba, mi amor tenía que durar unas últimas horas.
En la madrugada creyendo que ella aún dormía, le dejé un beso amical y en una servilleta mi deseo de verla en aquél lugar donde nos conocimos, con el mismo café, frente a frente y aún desconocidos. A la hora de siempre, llegó tan exquisita como la primera vez, me brindó su mejor beso y ordenó el mismo café expresso que una vez nos unió. Después de hablar con Anelisse, me levanté de la silla y la deje viendo muda aquél café, aún caliente, mientras mi cuerpo solo atinaba a escapar de mi voluntad. Ella no gritó mi nombre, no susurro un adiós, solo pronunció un te amo.

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