Caminante de agraciados montes y acogedores vientres, hoy recoges tus vestidos que suela tras suela van yaciendo harapos y licor en mano trasluces unos híbridos pasos en busca de la cornisa, del asfalto, del cielo. Hoy la vuelves a perder, a ella que cambia de nombre, a ella que transforma tu espíritu, aquella que no muta de canción. Fueron días que amanecieron sin noches, grabados de suspiros enraizados en el sacrificio de la piel, murmullos que transformaron el silencio, equivocaciones de los lamentos, un acierto del tiempo. No reconoces el momento fallido, enmudeces recordando sus palabras, pusiste nombre a tu egoísmo, no robaste atajos y llegaste a un final sin prisa. Sabes que lo único cierto es que la quieres y que no existe certeza alguna en ese sentimiento, en esa culpa, en ese orgullo que abrigó el olvido.
miércoles, febrero 24
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