sábado, noviembre 20

Tú, un sueño.

Quizá fue una mañana en la que soñé que sólo era un momento. Tal vez fue mi deseo o mi destino. Soñé que acariciaba tus letras, que me fumaba tu cuerpo, que te fundías en mis labios. Disparabas a discreción tus caricias, tu tiempo y tu viento. Yo, mintiendo en tu reflejo, entre fuego y cenizas, en las lágrimas del mañana mientras que tú, devorabas mis miedos, sonreías a mis rencores y recogías mis ropas de tu tocador. Un prisionero, condenado por probar las gotas de tu piel. A la deriva por jugar con el tiempo y entre tiempos nada míos. No recuerdo haber despertado.

domingo, noviembre 14

Mi estrella favorita.

Hubo un pasado mejor que hoy encuentra filtros en el corazón y que oscurece en esta habitación. Hace unos meses tu cabellera no me enreda, no asfixia mi cuello ni adormece mi piel. Te fuiste sin mis maletas, sin una brújula, sin mi norte. No se siente bien tu ausencia, mis sábanas extrañan tu bisbiseo y mi piel tus fieras caricias.
Hoy visto esa negra corbata que me regalaste. El nudo aún conserva el aroma de tus manos, la torpeza de las mías y tu risa maternal. Llegaré temprano, no lo acostumbro, pero hoy no puedo faltar.
Te sorprendería lo elegante de mi apariencia, cabellos peinados con gomina, zapatos de negro lustre y con el terno que ultrajaste afueras del altar. Tu padre, pocas veces afectivo, me adopta con un abrazo. Tu madre, la de las cenas confabuladoras, solo atina a darme un beso y susurrarme entre sollozos: Ella es hoy tu estrella.