Desperté con el olor de un café expresso, creo que lo presentía. Habían transcurrido tres meses de puras sonrisas, de amaneceres ociosos y noches largas pegado a su cabellera, a su corazón, a su vientre que latía. Pero hoy no desperté a su lado, ayer mientras salíamos del bar le pregunté cuánto me amaba, ella respondió que me quería demasiado y luego sonrió. Encendí mi cigarrillo y entendí que no había marcha atrás, la cogí de la mano, corrimos hasta su habitación, la noche escapaba, mi amor tenía que durar unas últimas horas.En la madrugada creyendo que ella aún dormía, le dejé un beso amical y en una servilleta mi deseo de verla en aquél lugar donde nos conocimos, con el mismo café, frente a frente y aún desconocidos. A la hora de siempre, llegó tan exquisita como la primera vez, me brindó su mejor beso y ordenó el mismo café expresso que una vez nos unió. Después de hablar con Anelisse, me levanté de la silla y la deje viendo muda aquél café, aún caliente, mientras mi cuerpo solo atinaba a escapar de mi voluntad. Ella no gritó mi nombre, no susurro un adiós, solo pronunció un te amo.
No te quedes un minuto más, bríndame solo unos segundos, explicaré mi posición y, por favor, luego márchate. No estoy destinado para una vida en pareja, tuve muchas enamoradas, pocos amores, ilusiones que no dejaron huella. Suelo disfrutar de mi libertad, no despertarme temprano porque te soñé, no salir de mi habitación sólo para verte, tomar un café a solas, no respetarte y robarte besos sin ninguna caricia. Trataré de confundirme en la multitud esperando que abraces mi tristeza para que luego desaparezcas sin ánimos de ir corriendo tras tu sombra. No esperaré que me enseñes el amor, penetraré entre tus senos, arrancaré tu corazón y cuando amanezca habrás humedecido tu almohada o quizá tengas que batallar con mi tozuda personalidad y en mi inicio de tu final, te dieras por vencida, abandonando tus armas, dejándome con un nuevo corazón. 



